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martes, 25 de junio de 2013

Tema del cuarto disco de Los Brujos

Gabriel Guerrisi dio a conocer un tema llamado "Reverzep" construido con fragmentos de ensayos de lo que  iba a ser el cuarto disco de estudio de Los Brujos. Del tema participa Gabo Mannelli, uno de los fundadores de la banda y, por ese entonces, bajista de Babasónicos. El disco nunca pudo salir a la luz, ya que la banda se separó en 1997 antes de poder grabarlo.



Fuente: La casa en el pantano

viernes, 26 de agosto de 2011

lunes, 29 de noviembre de 2010

¡FELIZ CUMPLEAÑOS!



jueves, 29 de abril de 2010

"Con putear desde la puerta no conseguís nada"

Cristian Aldana dice que decidió poner el cuerpo para que los cambios dejen de ser algo que hacen los demás. “Te transformás en alguien peligroso cuando agarrás los papeles, estudiás las cosas y empezás a encontrar los recovecos desde los que podés hacer que las cosas cambien de verdad”, dice. Hablan de Moneta y Hadad en el rock, de la ley de medios y, por supuesto, del flamante disco Ailabiu EOY.

Casi sin pensarlo, Cristian Aldana gritó: “¡La cumbia es una mierda!”, antes de hacer una canción en cuyo estribillo aclaraba que “la música que escuchan todos, yo no la escucho”. Era mayo de 2000 y El Otro Yo, que se había ganado una reputación atendible dentro del llamado rock alternativo, grababa en Cemento su primer disco en vivo y la frase quedó perpetuada. Hoy que vemos a Pettinato empuñando el saxo con Damas Gratis en prime time, nos causa gracia. Pero antes de este armisticio, la cumbia se había presentado amenazante entre los hábitos culturales de la juventud, y gran parte del rock local se lo había tomado como algo personal. “Para poder entenderlo hay que recordar el momento social. Todo se estaba cayendo a pedazos y la cumbia era la música de fondo de la decadencia y de la ignorancia”, recuerda Cristian, a exactos diez años del repercutido episodio (en un Cosquín Rock, Cordera le respondió: “¡La cumbia es una masa!”). Y amplía: “No fue un grito en contra del estilo musical, porque no tengo problemas con la gente que se quiere divertir y con los Wawancó, que son increíbles. Lo mismo hubiese sido gritar ‘Menem es una mierda’, porque también simbolizaba la destrucción de un país”.

El tiempo pasó y el reciente Ailabiu EOY (su octavo disco de estudio) se ofrece como inequívoco testimonio de ello. Aquel Cristian Aldana que en 2001 le dijo al NO que prefería ser “un pendejo tonto a un viejo aburrido”, ahora afirma: “Pudimos superar todos los demonios que uno siente en la adolescencia, y evolucionamos nuestra música y nuestros pensamientos de manera personal, grupal y espiritualmente. Nos mantuvimos en un lugar de rebeldía que nos ayudó a generar ideas nuevas y, con el paso del tiempo, nos dimos cuenta de que siempre tuvimos decisiones vanguardistas”.

La historia de El Otro Yo, más que en años, se mide en hitos infrecuentes. Su primer disco fue, también, el primer lanzamiento de su sello, Besótico Records. Para cualquier discografía sería apenas un infame casetito de nueve canciones, pero para 1993 representaba una audaz empresa. Cuatro años más tarde concretaron la alucinada y alucinante idea de El otro yo de El Otro Yo: Esencia, tres esfuerzos solistas que se convirtieron en disco triple por obra de la matemática (aunque, al igual que El Salmón, tuvo su resumen en formato compilatorio). Y después, Abrecaminos, el álbum que honró su nombre permitiéndoles editar discos afuera, tocar en el exterior y cerrar su Gira Interminable en Obras, cuando aún se llamaba Obras y las únicas bandas independientes que se habían preciado de llenarlo eran Los Redondos y La Renga. Para el año 2000 todo marchaba sobre ruedas: Besótico editaba títulos tan desconocidos como interesantes y El Otro Yo había alcanzado las mayores cotas de popularidad y representatividad de toda aquella generación que había integrado el llamado “Nuevo rock argentino”. El reconocimiento llegó por dentro, luego por fuera: Diego Arnedo y Claudio O’Connor tocaban como invitados, Flema y Attaque 77 se animaban a versionarlos y tanto Spinetta como Iorio se proclamaban entre admiradores de los más diversos.

Llegaron más discos, más giras, más shows. Y también los inevitables procesos de rupturas, divorcios y cambios por los que atraviesa toda banda que mide su vida en décadas: con la incorporación definitiva y estable de Diego Vainer (teclados y sintetizadores) y los ex Brujos Gabriel Guerrisi (guitarra) y Ricky Rúa (batería), El Otro Yo cerró un libro de pases que se había abierto con las salidas de los históricos Ezequiel Araujo (2004) y Ray Fajardo (2009). En ese contexto, Ailabiu EOY sirve para que los hermanos Aldana consoliden su sociedad entre ellos y su compromiso al frente de la banda: “A este disco lo veo como un homenaje al grupo. Después de tantas cosas vividas a lo largo de 21 años, yo digo: ‘Amo a El Otro Yo’. Tras un largo matrimonio, decidimos volver a elegirnos”, enfatiza el cantante y guitarrista.

–En Rebelión hablan de revolución y evolución. ¿En qué momento se encuentran?

Cristian Aldana: –Ahí nos referimos a evolución karmática. Todos tenemos karmas y la idea de evolución es aceptarlo y trascenderlo. De eso se trató nuestra carrera.

María Fernanda Aldana: –Buscamos que el karma se transforme en dharma, convirtiendo en amor algo que te cuesta sacrificio. Hasta limpiar un inodoro se tiene que transformar en dharma. Que sea con amor y buena onda. Si no, quedás re chinchudo y puteás a todo el mundo. Esa actitud nuestra viene de la rebeldía, que no es ser un ultrapunk y andar por la vida pateando tachos de basura.

–La gira que están haciendo se llama “Hacia la Quinta Dimensión”. ¿Cuál esa dimensión?

Ricky Rúa: –Hay teorías que dicen que en 2012 nos vamos a morir todos. Nosotros apoyamos la que dice que todos juntos pasamos a un nuevo estadío.

M.F.A.: –Es una dimensión que se refiere al despertar de la conciencia y de ese 80 por ciento del cerebro que todos los humanos tenemos dormido, en el que se ocultan aquellos superpoderes que aún no podemos usar por el estado de confusión que tenemos. El gran cambio puede ser para bien o para mal, pero nosotros estamos poniendo todas nuestras energías para que sea positivo. La música puede generar una revolución espiritual. Es alimento para el alma, alquimia pura que sirve para eliminar el odio transformándolo en acción positiva. El amor es la solución. ¡Me siento Soy Baba, el personaje de Capusotto!

–En una canción mencionan a Euterpe, la musa griega de la música. ¿En dónde encuentran la inspiración después de tantos años?

M.F.A.: –La inspiración está en la vida misma. En lo cotidiano, en el día a día. A veces está en las pequeñas cosas que no se ven y que por ahí componen un micromundo al que sos indiferente, pero del que podés sacar muchas cosas. El otro día escuché decir a Graham Coxon: “No hace falta viajar a las estrellas para hacer una canción. Mirá a tu alrededor y vas a ver la locura total”. La influencia está en la simpleza de la vida y en conectarse más con el sentido de unidad espiritual universal, no tanto desde el egocentrismo sino desde el amor. Esa es la punta del ovillo.

El Otro Yo manejó el negocio de la música mucho antes de que éste pretendiera hacerlo con el grupo. Con Besótico Records comenzaron editándose a ellos mismos para luego también hacerlo con bandas afines como Sugar Tampaxxx, She Devils, Rey Gurú, Victoria Mil y De Romanticistas Shaolin’s. Ahí entendieron que “la música es una rueda de arte y negocio”, tal como define Cristian. “Sólo queríamos editar bandas amigas y terminamos en un lugar de productores que no nos resultaba cómodo”, se sincera el cantante. Con el tiempo delegaron algunas tareas en la productora PopArt, aunque el músico pone los puntos en nombre de la banda: “Nos sirvió para romper el techo de la autogestión, mejorando la distribución de nuestros discos. Eso sí: nunca dejamos de lado nuestros principios y seguimos siendo dueños de nuestro proyecto”.

Actualmente, Besótico funciona como apéndice discográfico de EOY, aunque su espíritu fue influencia de la Unión de Músicos Independientes, asociación civil creada en 2001 que cobró notable envión a partir de Cromañón con sus propuestas de autogestión y que preside el propio Cristian. Hoy tiene 4 mil bandas asociadas y 2300 discos editados. “La autogestión triunfó en la Argentina”, cuenta, orgulloso, aunque la lucha recién comienza si nos referimos a la Ley de Nacional de la Música que ellos promueven y a la que adhieren artistas como Spinetta, Cerati, Rodolfo Mederos, Teresa Parodi, la Mona Jiménez y Leopoldo Federico (“para que estemos de una vez por todas juntos”, dijo el presidente de AADI, sellando un pacto entre géneros y entre generaciones). “Esta propuesta no fue impuesta por nadie de afuera sino que la escribieron los propios músicos a partir de diversos grupos de trabajo que evaluaron leyes similares de otros países”, señala el guitarrista de EOY. “Nuestra intención es armar un Instituto Nacional de la Música, tal como tienen el cine y el teatro, para armar un circuito estable de lugares en todo el país con buen sonido e iluminación, que levante la actividad musical al mismo nivel que ofrecen las empresas privadas, para que éstas, a su vez, se vean obligadas a ofrecer mejores cosas. La idea es que la actividad musical deje de ser frustrante y se vuelva viable.”

Tanto desfile por pasillos de funcionarios tuvo su premio con dos artículos clave en la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual: la mitad del 30 por ciento de música nacional que deberá pasarse en las radios deberá ser aquella “producida de forma independiente”, mientras que el 2 por ciento de los fondos recaudados por la AFIP será destinado al Instituto de la Música que se creará cuando la ley propuesta por los músicos sea aprobada por el Congreso. Pero no sólo por eso se lo vio marchando el 15 de marzo junto a otros artistas, civiles rasos, políticos encumbrados, dirigentes sindicales y representantes de ONG y de organismos de derechos humanos cuando un tribunal mendocino impidió la aplicación de la nueva Ley de Medios a través de un fallo de segunda instancia: “Se tiene que abrir el abanico para que estén representadas todas las voces. Si los medios te presentan una sola verdad, se te hace difícil interpretar la realidad. Cuando no podés elegir, estás perdiendo la libertad, y eso tiene que ver con la dictadura. Y nosotros defendemos la libertad artística, así que fui porque no me podía quedar mirando para otro lado”.

–¿Aun aceptando la participación en el mercado del rock de personajes tales como Daniel Hadad y Raúl Moneta?

C.A.: –Que existan todos, no me parece mal. Pero que también se abran otras puertas de comunicación. No queremos destruir a nadie, simplemente queremos más voces, más expresiones, más opiniones.

–¿La protesta por sí sola sirve como motor de cambios?

C.A.: –Mirá, nosotros siempre tuvimos la intención de cambiar las cosas, pero la única forma de lograr cambios es poniendo el cuerpo. En este caso, metiéndote en la burocracia. Y fue jodido, porque nosotros veníamos acostumbrados a la idea del punk de putear desde la puerta. Con eso no conseguís nada. En cambio te transformás en alguien peligroso cuando agarrás los papeles, estudiás las cosas y empezás a encontrar los recovecos desde los que podés hacer que las cosas cambien de verdad. Si rompés un vidrio, lo arreglan al otro día y a vos te meten en cana. No se trata de protestar sino de hacer. Y, cuando es necesario, de estar también para apoyar.

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LOS BRUJOS, SUR Y DESPUES

“¿Cuánto duran los grupos de rock?”

Que los hermanos Aldana hayan recibido con los brazos abiertos a dos fundadores de Los Brujos como Gabriel Guerrisi y Ricky Rúa, fue apenas una instancia más de la historia circular que protagonizaron ambas bandas. La relación se remonta allá lejos en el tiempo, cuando Cristian y Gabriel eran compañeros de colegio y María Fernanda tocaba con Ricky en Rebecca, banda del también futuro Brujos (y, durante muchos años, manager de El Otro Yo) Lee Chi. Cuando Ricky sustituyó el año pasado a Ray Fajardo en la batería, se reencontraron tres muchachos que habían compartido largas jornadas de música en los tempranos ‘80 con El Grigal, un grupo de rock psicodélico que antecedió a Salto al Vacío, el trío con el que Gabo Manelli, Guerrisi y el propio Rúa germinaron Los Brujos. “Es muy loco que hoy estemos tocando juntos dos fundadores de El Otro Yo con dos fundadores de Los Brujos, bandas del sur que se terminan uniendo para seguir adelante con un proyecto que sigue vivo”, dice Cristian, de Temperley, exhibiendo un orgullo de origen que Gabriel, de Lomas, retoma: “El Sur fue un semillero muy importante. Incluso ahí debutó Divididos, un grupo del Oeste, donde está el agite. En el Sur no hay aguante sino, más bien, vanguardia. Somos más románticos”. Ricky, de Monte Grande, asiente con la cabeza, pero mira hacia adelante: “¿Cuánto duran los grupos de rock? Este ya tiene 21 años y, a pesar de eso, es como que pegó un click y reseteó el cuentakilómetros. Es muy grosso llegar a un grupo en esa instancia. Muchos cumplen su ciclo, pero siento que esto recién empieza”.

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CRITICA: AILABIU EOY

Mirada interior

Si la idea sería resaltar que El Otro Yo sigue alejándose lentamente de su horma hardcore-punk noventosa, habría que hablar entonces de Ailabiu EOY como el cierre de una trilogía abierta con Espejismos (2004) y Fuera del tiempo (2007) en la que, de golpe, se choca sorprendido ante la pulsión electrónica que se guarece tras las guitarras distorsionadas. Algo tuvo que ver el tecladista y programador Diego Vainer, quién además cooperó en la creación de Velero, una pieza soplada por vientos clubbers. María Fernanda Aldana es concluyente al respecto: “El disco nos actualiza. No suena a los ‘90 sino a 2010, y eso me pone muy contenta porque nos planta en esta época. No es lo mismo que hacíamos en 1995”.

Los nostálgicos podrán encontrar palenque en Ailabiu o en Sígueme, un poderoso y sónico punk de genes Brujos que Guerrisi puso al servicio de María Fernanda. Ella, además, aportó con Célula madre (en voz de su hermano), El verano y Astronauta, momento pop de delicada poesía romanticósmica que suena como si los Joy Division que sobrevivieron en New Order hubiesen nacido en Temperley.

La personalidad del disco está por ahí, inevitablemente. Pero no sólo por ahí. De entrada, y para que no queden dudas, Cristian avisa 16 veces “siempre fui yo” en la canción ídem. Suficiente para entender cómo viene la mano: Ailabiu EOY parece ser un autobalance público de EOY, cuando la mayoría de edad lo encuentra en tiempos de reagrupamiento y reordenamiento. “Ceder, aprender, pelear y llorar, morir; crecer, entender, dejarnos, volar, vivir”, repite Cristian en la balada Acuario como un mantra, o tal vez como la biografía más exhaustiva que jamás se haya escrito de su banda.

Los años pasaron, así como los buenos y malos tiempos. Se respiran aires de reflexión y autorreferencia en 35 minutos que parecen pocos (el disco anterior lo dobló en duración), pero suficientes para entender esta etapa de miradas interiores y de nuevos redescubrimientos.

Por Juan Ignacio Provéndola para el Suplemento No de Página 12 - Fotos de Cecilia Salas

sábado, 29 de noviembre de 2008

¡FELÍZ CUMPLEAÑOS!

jueves, 27 de noviembre de 2008

xmf y Gabriel coloborarán con Zero Frío

En marzo de 2008, la revista Soy Rock publicó una nota realizada a Zero Frio, y en mayo de ese mismo año la banda fue convocada por el grupo “El Otro Yo” para acompañarlos como banda soporte en una de sus giras, presentándose junto a ellos en El Calafate, Río Gallegos, Río Grande y Ushuaia (Tierra del Fuego). En junio de 2008, Zero Frio viajó hasta Buenos Aires, donde tocaron junto a Billordo, y Euforia (presentándose en diversos pubs de Hurlingham, Temperley y Capital Federal), y fue publicada una nueva entrevista en el suplemento Espectáculos de Clarín. Su más reciente presentación fue en septiembre de este año en Río Gallegos, como soportes del grupo “Cadena Perpetua”. Actualmente se encuentran trabajando en la pre-producción de su primer LP. El disco que verá la luz en Mayo 2009 contará con la participación de María Fernanda Aldana y Gabriel Guerrisi de El Otro Yo y Hernán Valente y Eduardo Graziadei de Cadena Perpetua.

jueves, 12 de junio de 2008

Los incomprendidos de siempre

ENTREVISTA > EL OTRO YO

"No queremos ser eternos adolescentes"

Con veinte años recién cumplidos, la banda de Temperley se rebela ante el paso del tiempo. Y repasa una historia de libertad, independencia... y casetes mal grabados.Txt. Nicolás Igarzábal Especial para el Sí!.

Baby, baby, baby, you're out of time! Para 1988, El Otro Yo llegaba tarde para el dark de afuera, y temprano para el grunge de acá. Influenciados por los tres jedis del Lado Oscuro (The Cure, Joy Division y Bauhaus), el grupo tuvo varios intentos como quinteto, hasta que encontró su verdadera vocación de power trío. Lo primero que grabaron fue el casete de Los Hijos de Alien (93). "La angustia, la frustración y toda la mierda que sentía en la adolescencia estaba definida en ese nombre. Mi relación con la vida era muy oscura y autodestructiva, vivía una crisis existencial", evoca Cristian Aldana (hoy, 37).

El segundo "disco" se llamó Traka-traka (en honor a ese chiste viejísimo del pajarito), y fue producido por Guillermo Piccolini, que tocaba con Roberto Pettinato en Pachuco Cadáver. "Fueron nuestros padrinos, hicimos varios recitales con ellos, en La Luna. Ahí se armaban unos shows muy místicos: un par de veces se cortó la luz y seguíamos tocando", repasa María Fernanda Aldana (33). Para Mundo (95), el batero Omar Kischinovsky fue reemplazado por Ray Fajardo: "Yo tocaba en Chiquero y seguía a Hermética. Venía de un circuito más heavy y no tan experimental. Para practicar las canciones, Cristian me pasó un casete en el que saltaban todos los temas, fue muy difícil aprenderlos". Risas.

-¿Qué impresión tenías de él?

Ray: -¡La de un pibe que vivía al borde de una sobredosis! Era muy chupado. Creía que estaba re-loco, que vivía con el recetario en el bolsillo. Después descubrí que nada que ver. Me gustaba el nombre de la banda, sentía que había una conexión conmigo.

-¿Te acordás de la primera vez que los viste en vivo?

Ray: -No tenían escenario, ni amplificación, y transmitían una energía impresionante. Sonaban mucho mejor que en el casete. Veía en ellos cierta ambigüedad, como el mercurio, que se junta y se separa todo el tiempo. Cada uno generaba su propio mundo.

María: -Siempre tuvimos el cielo y el infierno dentro del grupo, como un yin-yang.

¿Y después? Esencia (97) fue un álbum triple, un disco solista por cabeza (a lo Kiss). "Yo estaba en desventaja, porque mis canciones siempre fueron a parar a EOY", reniega Cristian. Con Ezequiel Araujo (importado desde Avant Press) en teclados, Abrecaminos (99) marcó un antes y un después para el grupo de Temperley: les permitió llegar a Obras y girar por EE.UU. y México. Ya en la década 00, sacaron un disco en vivo (Contagiándose la energía del otro), y pulieron una veta más social que puede rastrearse en Colmena (recordar Calles), Espejismos (chequear Mascota del sistema o Licuadora mutiladora) y Fuera del Tiempo. Los festejos de estos veinte los encuentran consolidados como un trío de cinco, con Gabriel Guerrisi (ex Los Brujos) en la otra guitarra, y Diego Vainer en teclados/programaciones.

-¿Cómo se imaginan dentro de veinte años más?

Cristian: -Me gustaría verme como esos artistas que siguen escuchando a gente joven y no se quedan pensando que el pasado fue mejor. Tenemos un montón de cosas para decir todavía, si somos unos incomprendidos de mierda... El Otro Yo propone un lugar nuevo dentro de una escena llena de verdades y de mentiras.

María: -Siento como si estuviéramos empezando. Cuando nació el grupo tenía 13 años y era virgen. Ahora me siento toda una mujer, soy una feliz mamá. El paso del tiempo no nos asusta: no queremos ser eternos adolescentes.

-¿Fueron perdiendo la rebeldía?

Cristian: -La rebeldía tiene que ver con la libertad, con decir lo que se te cante. Seguimos siendo rebeldes y auténticos.

Ray: -Ver a María tocando en Cemento con 8 meses de embarazo: ésa es la rebeldía de El Otro Yo.

-¿Tienen cuentas pendientes?

Cristian: -Estaría bueno hacer un disco con covers de Pixies, Sonic Youth y The Cure.

-Salen en MTV, los distribuye Pop Art, tocan en el Pepsi... ¿cuál es el límite de la independencia?

Ray: -No tenemos un discurso de ser o no ser independientes. Hacemos la música que queremos y no la dejamos contaminar por otros intereses.

Cristian: -El Otro Yo no tiene jefe. Con nuestro pequeño sello (Besótico Records) hicimos lo que quisimos y llegamos hasta cierto lugar. Hay que ser muy piola para meterse en el sistema y poder mandar el mensaje.

-¿Metiéndose dentro del sistema no se traicionan?

Cristian: -Para combatir al sistema tenés que entrar en él, pero tenés que manejarte con tus propias reglas. No tenemos ningún remordimiento porque hicimos todo lo que teníamos que hacer. ¿Quién nos va a recriminar algo? Tal vez de otra forma habríamos ganado más guita...

¿La cumbia es una mierda?

Mediados de los '90, la declaración de guerra ("la cumbia es una mierda"), le valió a Cristian Aldana muchas críticas. Hoy, ¿reivindica o rectifica? "No me arrepiento de las cosas que digo. Pero tendría que haber dicho: 'Menem es una mierda'. La frase no iba contra el estilo ni contra la gente que se divierte, sino de lo que simbolizaba la cumbia en esa época: la ignorancia de un pueblo devastado por una política de destrucción. La cumbia fue la música de fondo de la película de los '90".

Son cosas de brujos

¡Kanishka, Kanishkaaaaaa! A 10 años de su separación, fanáticos del grupo insignia del Nuevo Rock Argentino reclaman su regreso a través del blog www.quevuelvanlosbrujos.blogspot.com (y ya consiguieron 3 mil firmas virtuales). Gabriel Guerrisi (alias X Mental) niega una posible reunión ("nos juntamos a comer con los chicos, pero no hablamos del tema, cada uno está con sus proyectos") y desentierra aquel mito de que Nirvana se agarró del hit más famoso de Los Brujos para la introducción de Very Ape (In Utero), después del Vélez de 1992. "Nirvana nunca nos influenció, quedamos pegados a una movida que no era la que buscábamos. ¡Nosotros queríamos tocar con B-52! Sabíamos que a Dave Grohl le había gustado mucho nuestra banda... Ojalá nos hayan afanado, ¡sería un honor!". Otra perlita: en los días en que los de Seattle pisaron suelo argentino, El Otro Yo fue hasta el Sheraton a llevarles el cassette de Los Hijos de Alien. Se hicieron pasar por un fanzine para poder charlar con los músicos. Después de la muerte de Cobain, le dedicaron Lo de adentro, un show homenaje en Cemento, y el cover castellanizado de Territorial Pissings. Grunge not dead.

viernes, 18 de enero de 2008

El Babasónico de las notas graves

gabriel manelli

El Babasónico de las notas graves

Después de cuatro años de pelear contra un linfoma, murió Gabriel Manelli (2/9/1969–12/1/2008), el bajista y compositor cuyo alias en el seno de la escudería Babasónicos era Gabo. El NO le rinde homenaje recordando sus propias palabras –graves, mordaces, sensibles–, publicadas en el libro Arrogante rock, conversaciones con Babasónicos (Zona de Música), que acaba de aparecer en librerías y disquerías, escrito por Roque Casciero, periodista de la casa.

–Me encantaba jugar al fútbol en el barro: eso es lo que más recuerdo de mi infancia. Me gustaba jugar al fútbol, pero si había barro era lo más; volvía todo sucio. En la casa de mis padres, en Monte Grande. la misma en la que vivían mis abuelos, la calle era de tierra. Eramos de ahí, pero yo había nacido en el hospital del Barrio Uno de Ezeiza. En ese momento mis viejos tenían veinte y veintiún años; dos chicos. Al año y medio tuve una hermana, y otro hermano a los quince. Viví en esa casa hasta los veintipico porque era muy grande y tenía mi habitación, que había sido de mi bisabuelo y estaba en un costadito de la casa. A los doce años me mudé ahí: era como mi casita, tenía un baño al lado, podía entrar y salir con independencia. Vivía más con mis abuelos porque estaba más cerca de la cocina de ellos.

(...)


–¿Y cuándo agarraste un instrumento?

–Mi papá tenía una guitarra criolla, le gustaban Larralde y el folklore bien down. No sabía tocar mucho, pero en casa había una guitarra y entonces mi mamá me dijo: “Andá a estudiar guitarra”. Yo no quería saber nada. Me gustaba, pero no me interesaba estudiar. Al final fui dos veces a ver a una amiga de ella que enseñaba. Aprendí cuatro acordes, la canción “Un millón de amigos”, de Roberto Carlos, y no fui más. Lo único que me importaba era jugar a la pelota en el barro. Ah, otra cosa, mi abuelo compró un órgano Yamaha...

–Otra cosa típica de la época.

–Totalmente. Me gustaban los ritmitos, pero no le cazaba la onda. Iba a tener que estudiar y no quería. Mi abuela me enseñaba lo que era una octava y lo que se acordaba de lo que estudiaba su hermana. Entre eso y las dos clases de guitarra algún conocimiento incorporé. En realidad, prefería escuchar música a tocar. Hasta que en tercer año Gabriel Guerrisi me propuso hacer algo juntos.

–¿Estabas armando una banda sin tocar un instrumento?

–La idea era: “Minas no hay, de alguna forma hay que conseguirlas, así que armemos una banda”. El tocaba mejor que yo y en un momento se compró una guitarra eléctrica... ¡Un escándalo! Lo seguí y me compré una Faim. Eramos dos guitarristas más Riki, que era nuestro compinche y quería tocar la batería: siempre fue el más extrovertido, el más hinchapelotas. En esa época ya salíamos a bailar, éramos más bardo. Entonces el grupo se amplió y empezaron a aparecer personajes nuevos. Había uno que tenía un bajo pero no sabía tocar y le dije: “Che, prestame el bajo porque nosotros tenemos dos guitarras y si queremos hacer un tema algún día necesitamos un bajo”. Como Gabriel tocaba la guitarra mejor que yo, decidí pasarme al bajo. Entonces, en uno de esos “ensayos” que hacíamos en los que estábamos todo el tiempo haciendo puro quilombo empezó mi relación con el bajo. También era un Faim, una madera terciada insoportable: pesado, duro, no afinaba nunca... Pero empezamos a tratar de hacer temas y a tocar entre nosotros. Nos llamábamos Salto Al Vacío.

–Eran el germen de Los Brujos.

–Claro, porque por otro lado apareció un primo de Gabriel que tocaba la guitarra y tenía una banda. Era Fabio Rey, que tocaba con Quique Ilid y con Ale, futuros baterista y cantante de Los Brujos. La banda se llamaba Los Pastrelos, porque el apellido de Fabio es Pastrelo y no se les ocurrió peor cosa que ese nombre para el grupo. Ellos eran nuestro público. Eramos completamente darks: ¡conmigo en la banda no podía ser de otro modo! En mi adolescencia pensaba que el mundo era una mierda; era un descreído de todo.

–¿Por qué eras así?

–Me resultaba gracioso ser el que estaba en contra de todo. Después de haber jugado a la pelota en el barro, la única felicidad posible era tratar de pasarla bien: pelearme, plantear las cosas de una manera distinta. En la banda ninguno quería crecer y Riki era el más convencido de todo eso: pretendía ser un niño toda la vida. Yo me había dado cuenta de que las cosas ya no serían como antes y entonces me divertía ver el lado oscuro de todo.

–¿Cómo pasaron de tener dos bandas a una sola, Los Brujos?

–Lo decidimos en quinto año, en 1987, y al año siguiente ya habíamos grabado el primer demo. Para esa época, mi abuelo me compró un bajo.

–¿Qué bajo te compraste?

–Cometí uno de los peores errores de mi vida: fui a Daiam, en el centro, con varios amigos, y me bajaron un Fender Precision que me pareció muy bueno; al lado del Faim era una nave... Dimos una vuelta por ahí y en otra casa de música vimos un Ibanez todo rojo: ¡me volví loco! No entendía nada, por supuesto: ¿cómo iba a comparar un Precision con un Ibanez? Pero vi el Ibanez rojo y negro y dije: “Esto es buenísimo”. Costaban lo mismo y me compré ése. ¡Qué pelotudo! Cuando me di cuenta... Pero en ese momento estaba contento. Lo usé con Los Brujos durante muchos años. Pero cuando entré en Babasónicos ya entendía todo, lo mismo que los chicos: “No vas a venir a tocar con esa mierda”, me dijeron. “Ya sé, tengo que comprarme un bajo”. Al final me lo compró Tuñón en Los Angeles y es el que tengo hasta hoy.

–Volvamos al nacimiento de Los Brujos.

–Un día Gabriel nos dijo: “Hagamos una banda distinta, más divertida, entre todos”. Empezó a hacer temas que estaban buenísimos, a nuestros amigos les encantaban. Grabábamos demos con los grabadores durante noches enteras. Me volvía loco grabar, los cables y todo eso.

–Estabas construyendo.

–Claro. Mientras, estudiaba para maestro mayor de obras. Ya tenía planos, dibujaba, hacía proyectos. Lo importante era que habíamos conseguido algunas novias, que era por lo que habíamos empezado a tocar. Para esa época salíamos a ver a Soda Stereo y a Sumo; estaba bueno. En el industrial no pegábamos porque era heavy metal a fondo. Nosotros también teníamos nuestro costado heavy, pero habíamos descubierto cierta modernidad. La idea de Gabriel era que Los Brujos intentaran ir más allá. A mí me costó mucho entender qué quería y colaboraba, pero con mi mala onda... Hoy en día él todavía no puede creer lo hijo de puta que era yo... La cuestión fue que grabamos un demo que estaba muy bueno; algunos de esos temas entraron en el primer disco. Y después... ¡me autoexpulsé del grupo!

–¿Por qué?

–Ellos estaban tratando de llevar adelante una locura y yo les decía que no a todo.

–¿A qué cosas te negabas?

–Cuestionaba todo. Gabriel tocaba “Kanishka” y le decía: “Pero eso es una mierda, esa letra es una cagada, estás diciendo cualquier banana”.

(...)

–¿Cómo llegaste a Juana La Loca?

–Los Brujos todavía ensayaban en el living de la casa de Gabriel; un bardo, todos apretados. Había entrado Lee-Chi como bajista, pero no tenía bajo. No sé si él tocaba en El Otro Yo o en dónde, pero no tenía bajo y le dije que usara el mío. Iba a escucharlos y les decía que era todo una mierda. Un día estaba en un ensayo y llamó Rodrigo Martín preguntando por Gabriel: quería ver si conocía a algún bajista y justo contesté yo. Le dije: “No estoy tocando con ellos, voy yo”. Los conocía de haberlos visto en vivo. Corté y dije: “Lee-Chi, vas a tener que devolverme el bajo porque me voy a tocar con Juana”. “Hijo de puta, no, me cagás.” “¿Qué te voy a cagar? Es mío, dámelo.” Durante todo ese año que estuve con Juana, Lee-Chi tuvo que pedir bajos prestados; Juana tocaba más. Me acuerdo de haber ido a lugares a los que Los Brujos fueron después.

(...)

–De Los Brujos te autoechaste porque no sabías qué querías hacer. ¿Por qué te fuiste de Juana La Loca?

–Porque apareció Babasónicos.

lunes, 14 de enero de 2008

Murió Gabo Mannelli, ex-bajista de El Otro Yo

El pasado sábado, por la mañana, murió Gabriel “Gabo” Mannelli, bajista de Babasónicos, según informó el site oficial del grupo. El músico poseía linfoma de Hodgkin, una enfermedad que lo alejó de los escenarios luego de la presentación de Anoche en 2005 para dedicarse a su tratamiento, siendo reemplazado en su lugar por Carca. Tenía 38 años.

Gabo había comenzado su carrera musical como miembro de Los Brujos de Trasilvania (más conocidos después como Los Brujos), para luego ser parte de Juana La Loca (con quienes grabó el cassette Autoejecución, que fue editado por el sello de Daniel Melero Catálogo Incierto), Los Macarra (banda hardcore que no dejó registro alguno) y por último fundar Babasónicos con Adrián Dárgelos, Diego Tuñón, Diego Castellano, Mariano Roger y Diego Rodríguez. Grabó en todos los discos que editó la banda (los ocho oficiales más los tres piratas), y colaboró en Fin de semana salvaje, San Cipriano y Guerra de nervios de Los Brujos, en el disco solista de Alejandro Alaci (ex Brujo y actual Electrón), en el álbum de Luchi Camorra y en varios registros de Daniel Melero. También produjo al grupo Coco. Manneli participó del próximo álbum de Babasónicos, que miembros del grupo mezclarán en febrero en Londres junto con Phil Brown, quien ya colaboró con ellos en Anoche.

Al conocerse su enfermedad entre los periodistas especializados, se dio una suerte de silencio stampa tácito por parte de la prensa. Eso, sumado al tradicional hermetismo babasónico, hizo que Gabo afrontara su tratamiento con la tranquilidad de no ser delatado por los medios. Algo similar a lo que ocurrió en su momento con Federico Moura y su enfermedad.

Tuve la oportunidad de conocerlo a mediados de los 80, ya que fui compañero de colegio de su hermana Mariana, con quien me une una larga amistad. Gabo era un tipo reservado, que cuando te permitía entrar en su mundo tenía un humor finísimo. Más allá de como babasónico, lo recordaré de encargado de un paddle club en Monte Grande, tomando el “tren rockero” de la mañana junto con Ricky Rúa, Gabriel Guerrisi y Horacio Cabak en su breve paso por la FADU, diciéndome lo mucho que le había gustado Duran Duran cuando Babasónicos tocó antes que ellos en el Personal Fest o como el tío de Tobías y Trinidad, los adorables hijos de Mariana. Adiós Gabo, ya te estamos extrañando.

Por Pablo Strozza

jueves, 12 de julio de 2007

Presentación Fuera del Tiempo

Cristian, María, Ray, Gabriel, Fortunato y Filipo presentan el nuevo disco de El Otro Yo !!!

martes, 10 de julio de 2007

Cuestión de tiempo (Nota en diario El Día)

EL OTRO YO
Cuestión de tiempo
El combo vuelve al ruedo discográfico luego de tres años de silencio y con la incorporación del guitarrista Gabriel Guerrisi (ex Los Brujos y Juana La Loca). Ahora, con 19 nuevas canciones, la banda ya sueña con repetir la hazaña de la gira internacional
El Otro Yo vuelve al ruedo discográfico, luego de tres años, con "Fuera del tiempo", un álbum luminoso y fresco, producido por Billy Anderson, que cuenta con 19 canciones en las que la banda de Temperley plasma su cosmovisión del mundo.

Con la incorporación del guitarrista Gabriel Guerrisi (ex Los Brujos y Juana La Loca) y tras hacerle frente a la partida de Ezequiel Araujo -en formato de trío registró el crudo "Espejismos" en 2004-, Cristian Aldana, María Fernanda Aldana y Ray Fajardo siguen capitalizando experiencia para transformarla en música.

Composiciones redondas y pegadizas melodías constituyen la materia prima de un disco sólido en el que sobrevuelan el punk rabioso, el hardcore y un sonido más prolijo y ligado al pop que en sus trabajos anteriores.

"Siempre quisimos que Guerrisi formara parte de la banda, nos conocemos desde chicos. Cuando lo llamamos, él se estaba yendo de Juana La Loca y le dije «mañana tocamos en Obras« y a partir de ahí no paramos. Empezamos los ensayos y desarrollamos juntos la idea del disco", evocó el cantante y guitarrista Cristian Aldana.

Para Guerrisi lo importante fue que no hubo necesidad de intelectualizar y que "todas las cosas fueron surgiendo con naturalidad, todo fue muy relajado porque, además, ya había atravesado con ellos todo lo que fue el desarrollo de «Espejismos« en vivo", explicó.

El arte de tapa realizado por Pablo Bisolglio y sus colores cálidos acompañan un repertorio donde el amor, el tiempo y una visión apocalíptica sobre el planeta Tierra aparecen como prioridad.

Una de las sorpresas que aparece es "Amor fuego", una balada en la que el vocalista se anima a plantear el tema del amor desde la libertad. "No me importa que ames a otros/tampoco importa lo que digan/Lo importante arriba de todo/ Sólo que me elijas a mí", dice en un tramo del tema.

"Quería hablar desde el no machismo, desde la no posesión. A medida que va pasando el tiempo uno va buscando su filosofía, uno ama a mucha gente: amás a tu vieja, a tu viejo, a tus amigos, y no dejás de amar a alguno para amar a tu novio", simplificó Aldana.

"Me parecía bueno tirar una de amor que sea diferente a las del resto. Acá no hay llanto, el amor no duele, uno hace que duela porque tiene metido en la cabeza culturalmente. Lo que te duele es el orgullo del machismo o de la posesión. Lo difícil es aprender a amar de verdad. El amor verdadero perdona lo imperdonable", sentenció.

"Fuera del tiempo" también incluye canciones con letras, en su mayoría de la bajista y cantante María Fernanda, vinculadas al tsunami, la capa de ozono, el final del planeta (tal título de otro tema). "Es una forma artística de ver lo apocalíptico del mundo de hoy", señaló Guerrisi.

"Queda claro que ante todo, planteamos los discos como una búsqueda espiritual. No vivimos la música como una postura, sino que reflejamos lo que nos va pasando", dijo el vocalista, sintetizando el espíritu de una trayectoria que comenzó en los 90 y llegó a bateas a partir de 1994 con "Traka Traka".

En relación al aporte de Billy Anderson (Melvins, Mr. Bungle, Natas y Sick Of It All), quien se sumó a partir de un contacto que hicieron Los Natas con la banda, Aldana contó que gracias a su trabajo "nos relajamos y es el disco que más rápido hicimos".

Acerca del presente que atraviesa el grupo, Aldana sostuvo que "es un momento para disfrutar de la música y del cambio de era que trae el cd. Tenemos ganas de salir de gira, tocar en el interior, en Chile, México y Perú, poder volver a Estados Unidos, y llegar a lugares que nunca fuimos".

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