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miércoles, 9 de marzo de 2011

Una sana costumbre [El Acople]

El sábado, en Unione e Benevolenza, El Otro Yo repasó las canciones de “Traka Traka” junto a algunos clásicos y el adelanto de dos nuevos temas. A pesar del intenso calor, el público, que abarrotó el lugar, disfrutó de este show único y especial.

Desde hace muchos años se ha tornado una tradición que bandas de una vasta trayectoria recreen viejos discos para que sus fans de la primera época puedan revivir aquellos momentos, o para que los nuevos tengan la oportunidad de escuchar esos temas en directo.


La banda de Temperley tomó esta idea y durante dos fechas trajo del cajón de los recuerdos a sus dos placas iníciales, “Los hijos de alíen” (1992) y “Traka Traka” (1994). El viernes 25 de febrero fue el turno del primer disco.

El regreso

Para amenizar la espera subieron a escena el cantautor Matías Foreiter y la agrupación venezolana Skin.

Solo con su acústica, Foreiter mostró algo de su repertorio ante una masa que lo escuchó con atención. Después, el power trío femenino Skin ofreció su propuesta inundada de sonidos alternativos.

Si bien El Otro Yo siempre fue una banda con raíces punks, a partir de “Abrecaminos” (1999) incorporaron samplers y elementos electrónicos que los alejó de su sonido agresivo inicial. Por eso, su público más punk comenzó a darles la espalda.

Entonces cuando se anunciaron estas fechas, se empezó a especular sobre un momentáneo retorno de la tribu punk. Y así fue nomás, aunque aquellos viejos fanáticos fueron reemplazados por las nuevas generaciones de crestas. Por las calles aledañas al lugar se podían observar muchos de estos jóvenes.

De este modo, la expectativa por el inicio del concierto era mayor a otras ocasiones. Esto se podía percibir en el clima que flotaba en el recinto. Por eso, cuando los liderados por Cristian Aldana tomaron posesión del escenario, el lugar se vino abajo.

Como era de esperar, el arranque tuvo sujeto exclusivamente a las melodías de “Traka Traka”. A excepción de las primeras dos canciones (“No sé por que” y “La tetona”), la banda decidió alternar el listado original del disco para causar así un impacto mayor en los presentes.

Sus fans cantaban cada una de ellas con una pasión y un sentimiento similar. Es decir, su entusiasmo no decaía con los tracks que no son parte del repertorio habitual. A las clásicas “Corta el pasto”, “Duraznos” y “El zumbido”, se les sumaban “Sida”, “El criollo” y “No me alcanza”, generando la misma reacción.

Con el lugar colmado en su capacidad, la temperatura dentro del mismo era sofocante. En algún punto, esto influyó en el sonido reproducido por la banda, ya que por momentos las voces de Cristian se perdían. De igual modo, el grupo supo encontrarle la vuelta y sonar de una forma precisa y contundente.

Mucho tiene que ver la unión y entendimiento entre sus músicos. Desde su debut en octubre de 2009, Ricky Rua se ha afianzado en su puesto de batería, lo que le ha dado mayor solidez al grupo.

Después del paso de “Traka…”, realizaron un picadito de sus canciones más populares. Pasaron “Sensación especial” (con Matías Foreiter en guitarra acústica), “Inmaduro”, “Viajero”, entre otras.

A pesar de que su último disco “Ailabiu” salió hace menos de un año, la banda ya está pensado en lo próximo, y durante el show adelantaron dos nuevos temas: “One” y “Nunca fui”.

Para el cierre llegaron “Alegría” y “No me importa morir”, dejando a sus fans súper satisfechos y extenuados después de un intenso y caluroso concierto.

Para los grupos que se presentan de forma continúa siempre es fundamental encontrarle una vuelta de tuerca a los shows para no tornarlo rutinario, ni para la banda ni para el público. Y rememorar viejos álbumes es una gran opción. Estos conciertos así lo confirmaron.


Daniel Grosso - Foto: Fernando Fernández
Redacción de El Acople

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